Desde los tiernos 6 años, me sumergí en el mundo del punto de cruz, acumulando unos 45 años de travesía creativa. Aunque la presbicia me desafía a replicar algunas de mis obras pasadas, hoy disfruto creando piezas más sencillas.
En mi infancia, evité la costura, pero ya desde pequeña cosía ropas extravagantes para mis muñecas. A los 17, inicié una falda que temí terminar.
Mi incursión en el macramé comenzó a los 16 años, creando innumerables pulseras con hilo de seda, aunque no me atrevía a compartirlas con nadie.
Tejiendo con dos agujas durante más de 33 años, exploré diversos materiales y creé prendas de todo tipo. Leía los gráficos como si fueran cuentos, regalando muchas piezas confeccionadas por mí.
Con el crochet, tengo 26 años de experiencia, trabajando con varios tipos de hilos y aprendiendo a leer patrones desde temprana edad.
La bisutería es mi más reciente aventura artesanal, aunque desde los 8 años, con alambre y sin destreza, me atreví a crear mis primeros pendientes, horribles pero auténticos.
He pasado toda mi vida observando las costuras, los tejidos y las piezas que componen la bisutería, siempre con el temor de abrazar plenamente lo que siempre he sido: una artesana multidisciplinaria.
Ahora, con miedo y todo, estoy decidida a seguir aprendiendo nuevas técnicas, ¡hasta donde mi cuerpo aguante!